CHINA REVIEW: lo bordao a nivel industrial

Hace aproximadamente tres semanas llegué de China, uno de los viajes más increíbles y entretenidos que he hecho en mi vida!

China es un destino que va contra todo pronóstico o expectativa que se pueda tener previamente. Fueron tres semanas recorriendo sin parar las ciudades de Beijing, Xi’an, Shanghai y Hong Kong, donde finalmente cada lugar tiene su encanto; desde lo más macro como los grandes monumentos de la época imperial, hasta los detalles más pequeños que residen en cada negocio local, el recorrido en sí mismo implicó un viaje a través de años de historia y civilización.

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Increíble techo restaurado de una edificación de la época imperial. En todas las edificaciones de esta época que me tocó visitar, estaban presentes los colores verdes, azules, burdeos y dorados.


Si bien el idioma fue una de los aspectos más frustrantes al principio (ya que poca gente habla inglés), también fue una de las cosas más entretenidas pues obliga a encontrar otras vías de comunicación como señas y dibujos –y la calculadora de todas maneras, porque les encanta negociar al momento de comprar!– que terminó en más de una risa para ambas partes.

dsc_0168Con los ojos abiertos, en búsqueda de material para el blog, una de las ciudades que se llevó la corona fue Xi’an. Reconocida por ser la ciudad de los Soldados de Terracota –8.000 estatuas de soldados chinos a escala humana encontradas hasta el momento, dentro del mausoleo del primer emperador chino–, Xi’an tiene un encanto intrínseco.

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Torre del tambor, ubicada en el centro histórico de Xi’an. Justo a su lado se encuentra el mercado musulmán.

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Soldados de Terracota.

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Mercado musulmán de Xi’an, por la tarde.

En la mayoría de las cuadras –y sobretodo cerca de los puntos turísticos– se pueden ver pequeños negocios que venden objetos típicos chinos, aunque la concentración de estos están en el Mercado Musulmán.

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Mercado musulmán por la noche.

Ubicado en pleno centro de la ciudad, dentro del Barrio Musulmán –donde históricamente se han concentrado los hui, la comunidad china musulmana que profesa el Islam– el mercado contempla una larga calle llena de vida, música, luces y colores, increíble de presenciar sobretodo de noche. Desde distintos tipos de comida, hasta pañuelos y objetos de decoración, es posible encontrar de todo sobre las veredas, muchas veces intransitables por la gran cantidad de gente que visita y frecuenta el sector.

El comercio está en cada rincón habitable y predomina lo bordado en todo y sobre todo: objetos de decoración, accesorios y telas, sin embargo, lo que más llamó mi atención fue ver cómo lo industrial ha llegado a conquistar el terreno de lo manufacturado, logrando imitaciones tan idénticas a las tradicionales, que muchas veces fue difícil reconocer diferencias entre uno y otro.

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Hermosos bordados de peonías y rosas, hechos a máquina.

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De las cosas más lindas que encontré, están estos zapatitos tejidos con aplicaciones bordadas y las maravillosas cuelgas de animales de tela bordados. Ojo en este punto cómo un par de puntadas simples sobre un objeto, logran activar la superficie a través del color, demostrando lo bien que funciona el recurso de la línea y confirmando que no siempre es necesario rellenar toda la superficie de lo que estamos bordamos para crear piezas increíbles.

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Paseando por el mercado, encontré la tienda de una señora que tenía antigüedades preciosas! Fue muy amorosa conmigo, nos pusimos a conversar un poco y cuando se dio cuenta que le estaba sacando fotos a uno de sus bordados hechos a máquina que tenía en exhibición, me pidió que la acompañara al fondo de su tienda.

Pasamos por un pasillo que daba hacia su casa –me dio la impresión de que muchas de las personas que tienen sus negocios en el mercado, viven ahí mismo– y corrió una cortina donde tenía las antigüedades más lindas para mostrarme unos bordados sobre seda, hechos a mano.

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Era seda bordada con hilo tan filo que, literalmente, eran trabajo de chino! Sumamente delicado y todo muy preciso al momento de elegir cómo componer el total… De hecho, si miramos el revés de las telas, se puede observar cómo se dan esos pequeños “saltos” de color entre una puntada y otra para ubicar los elementos.

De los diseños nada que decir, cada uno era más maravilloso que el otro (mención especial al mini nudo francés de esa peonía junto a esas mariposas!!!). La señora se reía porque tenía todos estos bordados en un baúl donde yo iba sacando y sacando y llegaba a chillar de la emoción al ver tanta cantidad y tan lindo todo.

Lamentablemente la luz no me acompañó mucho esa noche (por eso también el desenfoque de algunas imágenes) para mostrar que el hilo también era un poco satinado y que, en contraste con la seda, se veía maravilloso. Brillante y, al mismo tiempo, muy sutil y delicado.

De las combinaciones de colores ni hablar, todo estaba en sintonía y muy bien escogido, y sobre los fondos oscuros elegidos todo se veía impecable. Cuando le comenté mi impresión sobre cómo la producción industrial había llegado a imitar la técnica manufacturada, me llevó donde tenía sus cuelgas para mostrarme la diferencia:

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De todas las que aparecen en la foto, las únicas hechas a mano son las de las mariposas y los animalitos que están justo al lado de ellas. Todo el resto está hecho a máquina y si se fijan un buen rato, ya comienzan a aparecer diferencias entre la factura de uno y otro.

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Otra cosa que me llamó la atención en todo, desde las pinturas que adornaban los techos de los monumentos imperiales, hasta los objetos de decoración, es cómo el uso del dorado es tan preciso en todo: se utiliza principalmente para iluminar con pequeños toques una superficie y así destacar algunos detalles (nótese sobretodo en las cajitas y los objetos y chiches de metal de un poco más arriba!)

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Detalle del Templo Yonghe en Beijing.

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