Embellecer la vida cotidiana

por Ale ApablazaRecuerdo que cuando era niña tenía una casa de muñecas de madera. Era sencilla, pequeña, con una ventanita cuadrada por donde entraba el sol de la tarde iluminando la mesita de mimbre y el frasquito de colados que hacia las veces de florero. La ventana tenia una tela blanca clavada en las esquinas y amarrada al medio con una lana roja. En mi casa siempre habían flores, tortas de barro y peluches tomando el té.

Ya han pasado varios años de esos días y vienen con nostalgia las imágenes a mi cabeza. En esos ratos de juego, de poner la mesa bonita y de pintar cuadros en hojas de cuaderno, descubrí lo que hago hoy.

Estudié diseño gráfico y hacer libros y revistas ha sido una manera de poner en práctica, desde otro formato, este afán por embellecer hasta lo más mínimo. Hacer una producción de fotos, crear la grilla de una nueva revista, buscar tipografías y títulos que dancen con las imágenes, alegran mis días de la misma manera que dibujar o bordar.

En mi andar me he encontrando con gente que tiene intereses parecidos a los míos y que, olvidando los prejuicios, han dedicado su vida a hacer lo que les gusta. Tejen, bordan, martillan, se ensucian las manos y se parten la espalda torneando una fuente de cerámica. Son felices y comparten lo que hacen. En ellas hay risas y mucho trabajo. Me di cuenta que sus historias no estaban escritas, que el foco siempre estaba puesto en su obra, pero yo quería saber más de ellas.

Una de ellas me dijo una vez que bordar era salud. Le encontré razón cuando me acordé que otra me dijo que tejer la había ayudado a aliviar los dolores de una bursitis severa o que para otra aprender técnicas distintas la mantenía concentrada y tranquila a pesar de tener déficit atencional.

A algunas les enseñó la mamá o la abuela, y crecieron en casas donde las manualidades eran parte de la vida cotidiana. Otras nunca habían tomado una aguja o un palillo, y el día que empezaron no pararon más.

Me alegra tanto que se esté alejando el estigma negativo que caía sobre las mujeres que hacemos labores manuales y disfrutamos de estar en la casa. Hoy nada quita que una joven mujer profesional se inscriba en un taller de bordado y que dedique sus tardes a labores antiguamente catalogadas como femeninas o aburridas.

El interés por fabricar objetos no ha dejado de existir, aunque podamos comprar todo a la vuelta de la esquina. Necesitamos usar nuestras manos, tanto como respirar. Hacer propio un objeto bordando una flor en él, es la expresión más pura de nuestra esencia humana, la de fabricar e intervenir nuestro entorno. Y sin duda, nos hace bien.

*Alejandra Apablaza es diseñadora y estuvo a cargo de la sección Hecho a Mano de Revista Paula.

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Me encanta todo lo cosido, bordado y tejido. Bordo mucho y me gusta compartir y enseñar mi manera de entender el bordado como una herramienta de expresión creativa. Soy artista y me interesa el desarrollo de la creatividad tanto en mi como en los que me rodean. También pinto murales de gran formato en ESTANPINTANDO

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